Dr. Steve Masso

Un dolor opresivo en el pecho que aparece al caminar, falta de aire inesperada o un infarto pueden generar una pregunta urgente: cuándo se necesita angioplastia. La respuesta no depende solo de un síntoma o de un resultado aislado. Requiere valorar qué arteria está afectada, qué tan importante es la obstrucción, si el corazón está en riesgo y cuál es la alternativa más segura para cada persona.
La angioplastia coronaria es un procedimiento mínimamente invasivo que permite abrir una arteria del corazón estrechada o bloqueada. En muchos casos se acompaña de la colocación de un stent, una pequeña malla metálica que ayuda a mantener la arteria abierta. Su objetivo es recuperar el flujo de sangre al músculo cardíaco, aliviar síntomas y, en una situación de emergencia, limitar el daño de un infarto.
La situación más clara es el infarto agudo al miocardio causado por una obstrucción completa y repentina de una arteria coronaria. Si el electrocardiograma y la evaluación médica sugieren este escenario, abrir la arteria lo antes posible puede salvar músculo cardíaco y reducir el riesgo de complicaciones graves.
Los síntomas pueden incluir presión, ardor o peso en el centro del pecho que dura varios minutos o reaparece; dolor que se irradia al brazo, espalda, cuello, mandíbula o estómago; sudor frío; náusea; falta de aire; mareo o debilidad intensa. En mujeres, adultos mayores y personas con diabetes, los síntomas pueden ser menos típicos y presentarse principalmente como cansancio súbito, falta de aire o malestar general.
Ante síntomas compatibles con un infarto, no conviene esperar a que desaparezcan ni trasladarse por cuenta propia. En Estados Unidos, llame al 911; en México, solicite atención de emergencia de inmediato. El tiempo es determinante: la angioplastia primaria se realiza en un hospital con equipo de cardiología intervencionista para restaurar el flujo coronario con rapidez.
También puede indicarse con urgencia en la angina inestable. Se trata de dolor de pecho nuevo, progresivo, más intenso de lo habitual o presente incluso en reposo. Aunque no siempre hay una arteria totalmente cerrada, existe un riesgo relevante de que la placa se complique y provoque un infarto.
No todas las obstrucciones coronarias requieren una intervención inmediata. Algunas se detectan durante el estudio de una angina estable: molestia en el pecho que aparece con esfuerzo, estrés o frío y mejora al descansar. En este contexto, la decisión se toma con más calma, pero con el mismo rigor.
Una angioplastia puede ser apropiada cuando hay una obstrucción significativa en una arteria que causa falta de riego sanguíneo al corazón y síntomas que limitan la vida diaria, a pesar de tratamiento médico bien indicado. Por ejemplo, una persona que ya recibe medicamentos y ha hecho cambios en alimentación, actividad física y tabaco, pero continúa con dolor al caminar distancias cortas o subir escaleras, puede beneficiarse de una valoración intervencionista.
El hallazgo de isquemia importante en una prueba de esfuerzo, ecocardiograma de estrés u otro estudio funcional también puede orientar la decisión. Sin embargo, una prueba alterada no significa automáticamente que se necesite un stent. Es necesario correlacionar los resultados con los síntomas, los antecedentes, la anatomía de las arterias y el riesgo global del paciente.
La coronariografía, también llamada cateterismo cardíaco diagnóstico, permite observar directamente las arterias coronarias con medio de contraste y rayos X. Si se identifica una lesión tratable y clínicamente relevante, en ocasiones la angioplastia puede realizarse en el mismo procedimiento. Esto evita demoras innecesarias, especialmente cuando el beneficio está claramente establecido.
La angioplastia no se indica por el simple hecho de encontrar colesterol acumulado en una arteria. Muchas personas tienen placas pequeñas o moderadas que se manejan mejor con prevención intensiva y seguimiento. El tratamiento correcto no consiste en colocar más stents, sino en intervenir donde realmente mejorará el pronóstico o la calidad de vida.
El cardiólogo considera la gravedad y localización de la estrechez, el número de arterias afectadas, la función del corazón, la presencia de diabetes, enfermedad renal, edad, antecedentes de infarto y tratamientos previos. También importa si el paciente puede tomar los medicamentos antiplaquetarios necesarios después del procedimiento.
Hay casos en los que la cirugía de bypass coronario puede ofrecer mejores resultados que la angioplastia, sobre todo si existen obstrucciones complejas en varias arterias, enfermedad del tronco coronario izquierdo o diabetes con afectación coronaria extensa. En otros casos, el mejor camino es tratamiento médico sin intervención. La decisión debe ser individual, explicada con claridad y tomada con base en evidencia, no por presión o miedo.
El procedimiento se lleva a cabo en una sala de hemodinamia dentro de un entorno hospitalario. Habitualmente se utiliza anestesia local y sedación ligera, por lo que el paciente suele permanecer despierto, aunque relajado. El acceso se realiza con frecuencia por la arteria radial, en la muñeca, o por la arteria femoral, en la ingle.
A través de un catéter muy delgado, el especialista llega hasta las arterias coronarias. Un pequeño balón se infla en la zona estrecha para ampliar el paso de sangre y, en la mayoría de los casos, se coloca un stent liberador de medicamento para disminuir el riesgo de que la arteria vuelva a estrecharse.
La duración puede variar según la complejidad. Una angioplastia sencilla puede tomar alrededor de una hora, mientras que las lesiones múltiples, calcificadas o complejas requieren más tiempo y planeación. El objetivo es tratar la obstrucción con precisión, procurando el menor trauma posible.
Cuando está bien indicada, la angioplastia puede aliviar la angina, mejorar la tolerancia al esfuerzo y, en un infarto, reducir daño cardíaco. Su carácter mínimamente invasivo suele permitir una recuperación más rápida que una cirugía abierta. Muchas personas se levantan el mismo día o al día siguiente, según su condición clínica y el sitio de acceso.
Aun así, no es un procedimiento libre de riesgos. Puede haber sangrado o hematoma en el sitio de punción, alteraciones del ritmo cardíaco, reacción al contraste, lesión de la arteria, daño renal en pacientes susceptibles, infarto o evento vascular cerebral. Son complicaciones poco frecuentes, pero deben explicarse antes del procedimiento y prevenirse mediante una evaluación cuidadosa.
Después de recibir un stent, es indispensable seguir el tratamiento indicado, en especial los antiagregantes plaquetarios. Suspenderlos sin autorización médica puede favorecer la formación de un coágulo dentro del stent, una urgencia potencialmente grave. El stent resuelve una zona específica, pero no elimina la enfermedad aterosclerótica de fondo: controlar presión arterial, colesterol, glucosa, peso, tabaquismo y sedentarismo sigue siendo parte esencial del tratamiento.
Una conversación útil con el especialista debe aclarar si la lesión encontrada explica los síntomas, qué beneficio concreto se espera de la angioplastia y qué ocurriría si se opta primero por tratamiento médico. También conviene preguntar si existe una alternativa quirúrgica, qué medicamentos deberá tomar después y cómo será el seguimiento.
En una consulta de cardiología intervencionista, el objetivo no es solo decidir si se coloca un stent. Es entender el problema completo y elegir una estrategia segura, ya sea prevención, medicamentos, estudios adicionales, angioplastia o cirugía. El Dr. Steve Masso integra esta valoración clínica e intervencionista para dar continuidad desde el diagnóstico hasta el tratamiento cuando se requiere.
Si hay dolor de pecho nuevo, síntomas al esfuerzo que progresan o antecedentes de enfermedad coronaria, una evaluación oportuna puede evitar decisiones precipitadas y detectar riesgos antes de que se conviertan en una emergencia. La tranquilidad no viene de asumir que todo dolor es grave, sino de saber que una valoración precisa permite actuar a tiempo cuando realmente hace falta.
En un infarto agudo al miocardio por obstrucción completa y repentina de una arteria coronaria, o en angina inestable con dolor nuevo, progresivo o presente en reposo, donde abrir la arteria rápido limita el daño al corazón.
Cuando hay una obstrucción significativa que causa síntomas persistentes pese a tratamiento médico bien indicado, o cuando una prueba de esfuerzo, ecocardiograma de estrés u otro estudio funcional muestra isquemia importante.
No. Muchas placas pequeñas o moderadas se manejan mejor con prevención intensiva y tratamiento médico. La angioplastia se indica cuando la obstrucción es significativa y realmente mejorará el pronóstico o la calidad de vida.
Se realiza en una sala de hemodinamia con anestesia local y sedación ligera. A través de un catéter por la muñeca o la ingle se llega a la arteria coronaria, se infla un balón para abrir la obstrucción y, en la mayoría de los casos, se coloca un stent.
Puede haber sangrado o hematoma en el sitio de punción, alteraciones del ritmo cardíaco, reacción al contraste, lesión de la arteria, daño renal o, poco frecuentemente, infarto o evento vascular cerebral.