Dr. Steve Masso

Un dolor u opresión en el pecho, falta de aire al caminar o resultados anormales en una prueba cardiaca pueden generar una pregunta urgente: “qué es coronariografía y por qué me la están indicando?”. Se trata de un estudio invasivo, preciso y ampliamente utilizado para observar directamente las arterias que llevan sangre al músculo del corazón. Su objetivo es identificar estrechamientos, obstrucciones o alteraciones que puedan comprometer la circulación coronaria.
La coronariografía se realiza en un entorno hospitalario y permite tomar decisiones con un alto nivel de certeza. En algunos casos confirma que no hay bloqueos relevantes; en otros, permite definir si el tratamiento debe ser con medicamentos, una angioplastia o cirugía. Contar con una explicación clara antes del procedimiento ayuda a disminuir la incertidumbre y a participar con tranquilidad en cada decisión.
La coronariografía, también llamada angiografía coronaria, es un estudio de imagen realizado mediante cateterismo cardiaco. El especialista introduce un tubo muy delgado y flexible, llamado catéter, a través de una arteria de la muñeca o de la ingle. Desde ahí lo guía hasta el origen de las arterias coronarias, sin necesidad de abrir el tórax.
Una vez colocado el catéter, se administra un medio de contraste que permite visualizar las arterias mediante rayos X en tiempo real. Las imágenes muestran si el flujo de sangre es adecuado o si existen placas de colesterol, coágulos, estrechamientos o bloqueos que estén limitando la llegada de oxígeno al corazón.
Aunque suele llamarse “cateterismo”, no todos los cateterismos tienen el mismo propósito. La coronariografía está enfocada específicamente en las arterias coronarias. Un cateterismo derecho, por ejemplo, evalúa presiones y funcionamiento de las cavidades derechas del corazón y de la circulación pulmonar. A veces ambos estudios se complementan, según el problema clínico que se necesita resolver.
No toda molestia en el pecho requiere este estudio. La indicación depende de los síntomas, los factores de riesgo, los estudios previos y la probabilidad de enfermedad coronaria. El cardiólogo valora cada caso para elegir el método más útil y seguro.
Puede recomendarse ante dolor de pecho sugestivo de angina, falta de aire que limita actividades habituales, cambios preocupantes en el electrocardiograma, una prueba de esfuerzo o estudio de perfusión anormal, disminución de la función del corazón sin causa clara, o antecedentes de infarto. También puede ser necesaria en personas con enfermedad coronaria conocida que presentan nuevos síntomas o cambios clínicos.
En una situación de infarto agudo al miocardio, la coronariografía puede ser una herramienta de atención inmediata. Permite localizar la arteria responsable de la obstrucción y, si es apropiado, tratarla en el mismo momento mediante angioplastia.
También se solicita antes de ciertos procedimientos cardiacos, como algunas cirugías valvulares o intervenciones estructurales, cuando se requiere conocer el estado de las arterias coronarias. En pacientes sin síntomas, no suele pedirse como estudio de rutina solo por tener colesterol alto o antecedentes familiares. En esos casos, una valoración de riesgo cardiovascular orienta mejor los siguientes pasos.
La prueba de esfuerzo y otros estudios funcionales evalúan si el corazón presenta señales indirectas de falta de riego sanguíneo durante el ejercicio o con medicamentos. La tomografía coronaria permite observar las arterias sin introducir un catéter y puede ser una excelente alternativa en pacientes seleccionados, especialmente cuando la probabilidad de enfermedad coronaria es baja o intermedia.
La coronariografía invasiva ofrece una ventaja decisiva cuando se necesita una imagen directa y detallada, o cuando hay una alta sospecha de una obstrucción que podría requerir tratamiento. Además, es el único de estos estudios que puede convertirse de inmediato en una intervención terapéutica. La elección no depende de cuál es “mejor” en abstracto, sino de qué información necesita cada paciente y con qué rapidez.
Antes del estudio, el equipo médico revisa antecedentes, medicamentos, alergias y función renal. Es indispensable informar si ha tenido una reacción previa al contraste, si toma anticoagulantes, medicamentos para diabetes o si padece enfermedad renal. Nunca suspenda un medicamento por cuenta propia: el cardiólogo indicará qué ajustes, si alguno, son necesarios.
Generalmente se solicita ayuno por varias horas. Al llegar al hospital, se canaliza una vena, se monitorean la presión arterial, el ritmo cardiaco y el nivel de oxígeno, y se prepara la zona de acceso. La mayoría de los procedimientos se realiza con anestesia local y sedación ligera si está indicada. El paciente permanece despierto, pero suele estar cómodo y acompañado por personal especializado.
El acceso radial, por la muñeca, se utiliza con frecuencia porque facilita una recuperación temprana y puede reducir ciertas complicaciones relacionadas con el sitio de punción. El acceso femoral, por la ingle, sigue siendo adecuado en situaciones específicas. La vía más conveniente se decide de acuerdo con la anatomía, el tipo de procedimiento y las condiciones clínicas.
Durante la inyección del contraste es posible sentir calor pasajero en el cuerpo. No suele ser doloroso. La toma de imágenes puede durar entre 20 y 40 minutos cuando se trata solo de un estudio diagnóstico, aunque el tiempo total de preparación, recuperación y observación es mayor. Si se identifica una lesión que requiere atención inmediata y existe consentimiento previo, puede realizarse una angioplastia en la misma sesión.
Encontrar una obstrucción no significa automáticamente que deba colocarse un stent. El especialista analiza la ubicación, extensión y severidad de la lesión, así como los síntomas, la función cardiaca y el resto de las arterias. Algunas personas se benefician principalmente de medicamentos y cambios intensivos en el control de colesterol, presión arterial, diabetes, tabaco y actividad física.
Cuando una lesión limita de manera importante el flujo sanguíneo y se relaciona con síntomas o un evento coronario, puede ser necesario realizar angioplastia. En este procedimiento se utiliza un pequeño balón para abrir la zona estrecha y, con frecuencia, se implanta un stent, una malla metálica que ayuda a mantener la arteria abierta.
Hay casos en los que la enfermedad afecta varias arterias o presenta una anatomía compleja. Entonces puede valorarse una cirugía de revascularización coronaria. La mejor alternativa se define de forma individual, buscando no solo resolver una imagen, sino mejorar el pronóstico, los síntomas y la calidad de vida.
La coronariografía es un procedimiento habitual en cardiología intervencionista y, realizada por un equipo capacitado en un hospital con la infraestructura adecuada, tiene un perfil de seguridad favorable. Aun así, ningún procedimiento invasivo está libre de riesgos.
Los efectos más frecuentes suelen ser leves, como moretón, sensibilidad o pequeño sangrado en el sitio de punción. Con menor frecuencia pueden presentarse reacción al medio de contraste, alteración transitoria de la función renal, arritmias, lesión de una arteria, infarto o evento vascular cerebral. Estos eventos graves son poco comunes, pero deben explicarse con honestidad antes de otorgar el consentimiento.
El riesgo cambia según la edad, la función de los riñones, la presencia de diabetes, enfermedad vascular avanzada, insuficiencia cardiaca, urgencia del procedimiento y otras condiciones de salud. Por eso la seguridad no depende solamente de la técnica: comienza con una indicación adecuada, una evaluación completa y una comunicación transparente entre paciente, familia y equipo médico.
Después de una coronariografía diagnóstica por la muñeca, muchas personas pueden levantarse y caminar tras un periodo breve de observación. Si el acceso fue por la ingle, puede requerirse permanecer acostado por más tiempo. El alta el mismo día es frecuente cuando no hay complicaciones y el estudio fue únicamente diagnóstico, aunque cada caso se individualiza.
Durante las siguientes 24 a 48 horas suele recomendarse tomar líquidos, evitar cargar peso o realizar ejercicio intenso y vigilar el sitio de punción. Debe buscar atención médica si aparece sangrado persistente, aumento rápido de volumen, dolor intenso, cambio de color o temperatura en la mano o pierna, fiebre, dolor de pecho o falta de aire.
Si se realizó una angioplastia, las indicaciones pueden incluir tratamiento antiagregante para proteger el stent. Es fundamental no suspender estos medicamentos sin autorización médica, incluso si la persona se siente bien.
Antes de programar una coronariografía, es razonable preguntar por qué se indica en su caso, qué información se espera obtener, si existe una alternativa no invasiva apropiada y qué ocurriría si se detecta una obstrucción. También conviene saber si hay posibilidad de angioplastia en el mismo procedimiento, cuánto tiempo deberá permanecer en observación y cuáles medicamentos debe ajustar.
Una evaluación por un cardiólogo con experiencia clínica e intervencionista permite integrar los síntomas, los estudios previos y las opciones de tratamiento en una misma ruta de atención. En la Ciudad de México, el Dr. Steve Masso ofrece una valoración individualizada para definir si la coronariografía es el estudio indicado y acompañar cada etapa con claridad médica y trato cercano.
Cuando hay síntomas compatibles con un problema cardiaco, esperar a que “se pase” puede retrasar un diagnóstico relevante. Una consulta oportuna permite elegir el estudio correcto, despejar dudas y tomar decisiones con información precisa.
También llamada angiografía coronaria, es un estudio de imagen realizado mediante cateterismo cardiaco, en el que se introduce un catéter por la muñeca o la ingle hasta las arterias coronarias y se inyecta contraste para visualizarlas con rayos X.
Se indica ante dolor de pecho sugestivo de angina, falta de aire que limita actividades, cambios preocupantes en el electrocardiograma, una prueba de esfuerzo o de perfusión anormal, disminución de la función del corazón sin causa clara o antecedentes de infarto.
No. La prueba de esfuerzo y la tomografía son estudios no invasivos que orientan el diagnóstico, mientras que la coronariografía es invasiva, ofrece una imagen directa y detallada, y es la única que puede convertirse de inmediato en tratamiento mediante angioplastia.
No significa automáticamente que se colocará un stent. El especialista analiza la ubicación, extensión y severidad de la lesión junto con los síntomas y la función cardiaca para decidir entre tratamiento médico, angioplastia o cirugía de revascularización.
Los más frecuentes son leves, como moretón o pequeño sangrado en el sitio de punción. Con menor frecuencia pueden presentarse reacción al contraste, alteración renal transitoria, arritmias, lesión de una arteria, infarto o evento vascular cerebral.