Dr. Steve Masso

El corazón modifica naturalmente su ritmo ante el ejercicio, el estrés, la fiebre, una emoción intensa o el consumo de estimulantes. En esos casos, notar el pulso puede ser una respuesta normal del organismo. También pueden presentarse extrasístoles, latidos adelantados que suelen sentirse como un brinco seguido de una pausa. Son frecuentes y, en un corazón estructuralmente sano, a menudo son benignas.
Sin embargo, no conviene asumir que toda palpitación se debe a ansiedad. La cafeína en exceso, bebidas energéticas, alcohol, tabaco, descongestionantes, suplementos para bajar de peso y algunas sustancias recreativas pueden desencadenarlas. La deshidratación, falta de sueño, anemia, alteraciones de la tiroides, cambios hormonales y desequilibrios de electrolitos también pueden influir.
En otros casos, las palpitaciones son la manifestación de una arritmia, es decir, un trastorno del ritmo cardíaco. Entre ellas están la fibrilación auricular, la taquicardia supraventricular, el aleteo auricular o, con menor frecuencia, arritmias originadas en los ventrículos. Identificar cuál es la causa importa porque el tratamiento y el nivel de riesgo son distintos.
La frecuencia por sí sola no define la gravedad, pero sí justifica una evaluación cuando las palpitaciones se repiten, duran varios minutos, aumentan con el tiempo o interfieren con las actividades cotidianas. Es recomendable solicitar una consulta de cardiología si ocurren sin un desencadenante claro, aparecen en reposo o despiertan al paciente por la noche.
La valoración es especialmente pertinente si el ritmo se siente irregular, si el pulso permanece muy acelerado tras detenerse o si existe un antecedente personal de hipertensión, diabetes, enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca, apnea del sueño o enfermedad tiroidea. También deben revisarse con mayor atención en personas con antecedentes familiares de arritmias, muerte súbita o cardiopatía a edad temprana.
Hay un punto importante: una palpitación breve y aislada después de varias tazas de café no se interpreta igual que episodios repetidos de latido muy rápido sin explicación. El contexto clínico cambia la decisión. Por eso, una consulta bien realizada no se limita a decir si el corazón “late fuerte”; busca documentar el ritmo y entender qué está ocurriendo alrededor de cada episodio.
Llame al 911 o acuda a un servicio de urgencias si las palpitaciones se acompañan de dolor, presión u opresión en el pecho; falta de aire importante; desmayo o sensación intensa de desmayo; sudor frío; confusión; debilidad súbita o palidez marcada. Estos síntomas pueden indicar que el corazón no está bombeando adecuadamente o que existe otro problema que necesita atención inmediata.
También debe buscar atención urgente si el pulso es muy rápido o irregular y no cede, si las palpitaciones comenzaron durante ejercicio intenso, o si aparecen en una persona con cardiopatía conocida. En estos escenarios, no es prudente conducir por cuenta propia ni esperar a que el episodio desaparezca sin valoración.
Las arritmias pueden ser intermitentes. Un electrocardiograma realizado cuando la persona ya se siente bien puede ser normal, aun cuando los episodios sean reales. Por ello, describirlos con precisión ayuda a elegir el estudio indicado.
Antes de la consulta, conviene anotar a qué hora ocurren, cuánto duran, qué estaba haciendo, qué síntomas aparecieron y si hubo consumo de café, alcohol, medicamentos o falta de sueño. Si es posible medir el pulso durante el episodio, registre si parece regular o irregular y el número aproximado de latidos por minuto. Los relojes inteligentes pueden aportar datos orientativos, pero no sustituyen un diagnóstico médico ni un electrocardiograma.
El cardiólogo revisará antecedentes, medicamentos, presión arterial, exploración física y factores de riesgo. Dependiendo del caso, puede solicitar estudios como:
• Electrocardiograma: registra la actividad eléctrica del corazón en ese momento y puede mostrar alteraciones del ritmo, conducción o signos de otros problemas cardíacos.
• Holter de ritmo: monitorea el corazón durante 24 horas o más para correlacionar los síntomas con el ritmo cardíaco. Es muy útil cuando las palpitaciones son frecuentes.
• Ecocardiograma: utiliza ultrasonido para evaluar la estructura del corazón, sus válvulas, fuerza de bombeo y posibles cambios que favorezcan arritmias.
• Prueba de esfuerzo, análisis de sangre o monitoreo prolongado: se indican cuando los síntomas aparecen con actividad física, se sospechan alteraciones metabólicas o los episodios son menos frecuentes.
No todos los pacientes requieren todos los estudios. Elegirlos de manera personalizada evita tanto minimizar síntomas relevantes como realizar pruebas innecesarias.
Sí. La ansiedad puede aumentar la adrenalina, acelerar el pulso y hacer que la persona perciba más cada latido. Pero atribuir las palpitaciones a ansiedad sin una evaluación adecuada puede retrasar el diagnóstico de una arritmia, anemia, alteración tiroidea u otra causa tratable.
Lo razonable es considerar ambas posibilidades. Si el estudio cardiológico es tranquilizador y los episodios se relacionan claramente con estrés, sueño insuficiente o crisis de ansiedad, el plan puede incluir hábitos de descanso, reducción de estimulantes y atención de la salud emocional. Si existe una alteración del ritmo documentada, se define el manejo específico según el tipo de arritmia y el riesgo individual.
Si no tiene señales de alarma, reduzca temporalmente bebidas energéticas, exceso de café, alcohol y tabaco. Mantenga una hidratación adecuada, procure dormir lo suficiente y no suspenda medicamentos prescritos sin indicación médica. Revise con su médico o farmacéutico los productos de venta libre, en especial descongestionantes y suplementos estimulantes.
Durante un episodio, siéntese, respire con calma y anote las características del síntoma. Evite hacer ejercicio intenso si las palpitaciones son nuevas, persistentes o se acompañan de mareo. Las maniobras para intentar frenar una taquicardia no deben hacerse sin haber recibido instrucciones médicas, ya que no son adecuadas para todos los ritmos ni para todos los pacientes.
Las palpitaciones frecuentes merecen una respuesta clara, no solo la recomendación de “tratar de relajarse”. Un estudio oportuno puede confirmar que se trata de una situación benigna o detectar una arritmia que requiere seguimiento, medicamentos, un procedimiento especializado o tratamiento de una causa de fondo.
En una consulta cardiológica, el objetivo es que usted entienda qué se encontró, qué tan relevante es para su salud y cuál es el siguiente paso. Si los episodios se repiten, cambian de patrón o aparecen junto con síntomas de alarma, no espere a que se vuelvan parte de su rutina: buscar una valoración a tiempo es una forma concreta de cuidar su corazón.
Cuando se repiten, duran varios minutos, aumentan con el tiempo o interfieren con sus actividades cotidianas; también si ocurren sin un desencadenante claro, aparecen en reposo o lo despiertan por la noche.
Dolor, presión u opresión en el pecho, falta de aire importante, desmayo o sensación intensa de desmayo, sudor frío, confusión, debilidad súbita o palidez marcada; en ese caso debe llamarse al 911 o acudir a urgencias de inmediato.
Sí. La ansiedad puede aumentar la adrenalina y hacer que se perciba más cada latido. Pero atribuirlas a ansiedad sin evaluación puede retrasar el diagnóstico de una arritmia, anemia, alteración tiroidea u otra causa tratable.
Electrocardiograma, Holter de ritmo, ecocardiograma, prueba de esfuerzo o análisis de sangre, elegidos de forma personalizada según el patrón y la frecuencia de los episodios.
A qué hora ocurren, cuánto duran, qué estaba haciendo, qué síntomas aparecieron, si hubo consumo de café, alcohol o falta de sueño, y si pudo medir el pulso durante el episodio (regular o irregular, y latidos por minuto aproximados).