WhatsApp Teléfono Llamar por teléfono Enviar Correo Hospital Médica Sur, Puente de Piedra 150, Tlalpan, CDMX. Hospital MAC Santa Fe Perfil de Facebook Perfil de Instagram Perfil de Linkedin Perfil de Tiktok Perfil de Doctoralia
  • Hospital Médica Sur, Puente de Piedra 150, Tlalpan, CDMX.
  • Hospital MAC Santa Fe, Vasco de Quiroga 4973, La Ponderosa, Cuajimalpa de Morelos, 05370 Ciudad de México, CDMX
  • 5548967751
  • +5215548967751
  • dr.steve.masso@hotmail.com
  • Lunes, Martes: De 14:00 hrs a 22:00 hrs y De 07:00 hrs a 12:30 hrs
Valoración preoperatoria: escalas clave

Antes de una cirugía, no basta con decir que el paciente “está bien” o “está estable”. Cuando existe hipertensión, diabetes, antecedentes cardiacos, falta de aire, dolor de pecho o una edad avanzada, la valoración preoperatoria escalas permite estimar riesgos reales y tomar decisiones con más precisión. Ese paso puede cambiar desde la necesidad de pedir un electrocardiograma o un ecocardiograma hasta la conveniencia de ajustar medicamentos, posponer un procedimiento o elegir un hospital con mayor soporte.

La valoración preoperatoria no es un trámite administrativo. Es una evaluación médica dirigida a responder una pregunta concreta: ¿cuál es el riesgo cardiovascular y general de esta cirugía para este paciente en particular? En cardiología, esa respuesta no se basa en una sola cifra ni en una impresión clínica aislada. Se construye con historia médica, exploración física, tipo de cirugía y escalas validadas que ayudan a ordenar la información.

Qué buscan las escalas en la valoración preoperatoria

Las escalas no sustituyen al médico. Sirven para cuantificar el riesgo y evitar que factores importantes pasen desapercibidos. Algunas se enfocan en complicaciones cardiacas, otras en el estado funcional del paciente, y otras en la capacidad de tolerar anestesia o en la fragilidad general, sobre todo en adultos mayores.

En la práctica, esto importa porque no tiene el mismo nivel de riesgo una hernia inguinal en una persona activa y sin antecedentes, que una cirugía abdominal mayor en alguien con insuficiencia cardiaca, enfermedad coronaria o antecedente de infarto. Incluso dos pacientes de la misma edad pueden tener pronósticos muy distintos si uno camina varias cuadras sin síntomas y el otro se fatiga al mínimo esfuerzo.

Además, una escala bien aplicada ayuda a evitar dos errores frecuentes. El primero es subestimar el riesgo y avanzar sin estudios o preparación suficientes. El segundo es sobreactuar, pedir pruebas innecesarias o retrasar una cirugía sin un beneficio claro. La mejor valoración es la que equilibra seguridad, oportunidad y sentido clínico.

Escalas de valoración preoperatoria más usadas

Entre las herramientas más conocidas está el índice de riesgo cardiaco revisado, también llamado Revised Cardiac Risk Index o RCRI. Esta escala considera variables como cirugía de alto riesgo, antecedente de cardiopatía isquémica, insuficiencia cardiaca, enfermedad cerebrovascular, uso de insulina y deterioro renal. Su utilidad principal es estimar la probabilidad de eventos cardiacos mayores en cirugía no cardiaca.

Es una escala práctica y ampliamente utilizada, pero tiene límites. Por ejemplo, no captura por completo la fragilidad del adulto mayor ni reemplaza la valoración del estado funcional. Un paciente puede tener un RCRI bajo y aun así requerir una evaluación más detallada si presenta síntomas nuevos, arritmias o capacidad física reducida.

Otra referencia frecuente es la clasificación ASA, de la American Society of Anesthesiologists. Esta no predice por sí sola un evento cardiovascular específico, pero ordena el estado general del paciente desde alguien sano hasta alguien con enfermedad sistémica grave. Su valor es que ofrece una visión rápida del nivel de compromiso clínico antes del procedimiento.

También es clave valorar la capacidad funcional en METs, una forma práctica de estimar cuánto esfuerzo tolera una persona. Si el paciente puede subir escaleras, caminar varias cuadras o realizar actividades cotidianas sin síntomas, en general su reserva funcional es mejor. Si presenta cansancio marcado, opresión en el pecho o falta de aire con actividades leves, la cirugía puede requerir más estudio y vigilancia.

En ciertos pacientes, sobre todo adultos mayores, la fragilidad también pesa mucho. Aquí no siempre se usa una sola escala universal en todos los entornos, pero sí se evalúan datos como pérdida de fuerza, lentitud al caminar, dependencia para actividades básicas, desnutrición o deterioro cognitivo. Estos factores influyen en complicaciones, recuperación y estancia hospitalaria.

Cómo se interpreta la valoración preoperatoria escalas

La interpretación correcta de la valoración preoperatoria escalas depende del contexto. No se trata de sumar puntos y tomar decisiones automáticas. Un resultado debe leerse junto con el tipo de cirugía y con la condición cardiaca actual del paciente.

Por ejemplo, una cirugía de bajo riesgo, como algunos procedimientos superficiales o ambulatorios, suele requerir un enfoque más simple si el paciente no tiene síntomas ni antecedentes importantes. En cambio, en cirugía vascular, abdominal mayor o torácica, el umbral para profundizar la evaluación es distinto, especialmente si hay antecedentes de angina, infarto, falla cardiaca, fibrilación auricular o enfermedad valvular.

También cuenta si la cirugía es electiva o urgente. En una operación programada hay tiempo para optimizar presión arterial, controlar glucosa, ajustar anticoagulantes, solicitar estudios cardiacos o realizar una segunda opinión. En un contexto urgente, la estrategia cambia: el objetivo es reducir riesgos sin perder tiempo crítico.

Por eso, cuando un paciente escucha que “salió bien en la escala”, no significa riesgo cero. Significa que, con los datos disponibles, el riesgo parece aceptable o manejable. Del mismo modo, una escala elevada no cancela automáticamente una cirugía. Puede indicar que conviene prepararse mejor, monitorizar más de cerca o elegir un entorno hospitalario con mayor capacidad de respuesta.

Qué estudios pueden derivarse de estas escalas

No todos los pacientes necesitan batería completa de estudios. Esa es una de las ideas más importantes. Las escalas ayudan a definir qué sí vale la pena pedir y qué no.

Si durante la valoración aparecen síntomas sugestivos de problema cardiaco o un antecedente relevante, puede indicarse un electrocardiograma. Si hay sospecha de enfermedad estructural, soplos, insuficiencia cardiaca o datos de disfunción ventricular, un ecocardiograma puede aportar información decisiva. En pacientes con palpitaciones, mareo o sospecha de arritmia, el Holter puede ser útil. Si el problema es control de presión arterial, el MAPA puede ayudar a documentar si realmente está estable antes de operar.

Hay casos en los que la evaluación va más allá de estudios no invasivos. Cuando los hallazgos sugieren enfermedad coronaria significativa o alto riesgo de isquemia, puede requerirse una valoración cardiológica avanzada y, en pacientes seleccionados, considerar estrategias diagnósticas o terapéuticas adicionales. La clave es individualizar. Pedir de más no siempre protege más. Pedir de menos sí puede dejar riesgos importantes sin detectar.

Cuándo conviene una valoración por cardiología

Una valoración por cardiología suele ser recomendable si existe antecedente de infarto, angioplastia, bypass, insuficiencia cardiaca, marcapasos, soplo no estudiado, arritmia, desmayos, dolor de pecho o falta de aire de causa no clara. También si el paciente tiene múltiples factores de riesgo cardiovascular o si va a someterse a una cirugía de riesgo intermedio o alto.

En pacientes mayores, aun sin diagnóstico cardiaco previo, vale la pena revisar con cuidado si la tolerancia al esfuerzo ha cambiado. Muchas veces la persona no reporta síntomas porque ha reducido su actividad, no porque su corazón esté funcionando sin problema. Ese detalle modifica por completo la valoración.

En una práctica especializada como la del Dr. Steve Masso, la ventaja de esta evaluación es la continuidad entre diagnóstico y resolución. Si durante la valoración se detecta una arritmia, una valvulopatía o datos de enfermedad coronaria, el paciente no se queda solo con una nota de riesgo. Puede avanzar con estudios, seguimiento y, cuando hace falta, tratamiento especializado en el mismo entorno clínico.

Lo que el paciente puede hacer antes de su consulta

Para que la valoración preoperatoria sea realmente útil, conviene acudir con información clara. Llevar lista de medicamentos, dosis, estudios previos, reporte de cirugías anteriores y antecedentes familiares acelera mucho el proceso. Si el paciente toma anticoagulantes, antiagregantes, insulina o medicamentos para presión, eso debe revisarse con detalle.

También ayuda describir síntomas concretos, aunque parezcan menores. Decir “me canso” aporta poco. En cambio, explicar si el cansancio aparece al caminar media cuadra, subir un piso de escaleras o cargar bolsas permite estimar mejor la capacidad funcional. Lo mismo con el dolor de pecho, palpitaciones, hinchazón de piernas o episodios de desmayo.

La meta no es asustar al paciente antes de su cirugía. Es llegar al procedimiento con la mayor claridad posible. Una buena valoración reduce incertidumbre porque define riesgos reales, identifica qué debe corregirse antes de operar y evita decisiones basadas en suposiciones.

Cuando una cirugía está en puerta, detenerse a revisar el riesgo con método y experiencia no retrasa la atención, la vuelve más segura. Y esa diferencia se nota no solo en el quirófano, sino también en la recuperación, la estabilidad hemodinámica y la confianza con la que el paciente y su familia toman la decisión de avanzar.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la valoración preoperatoria escalas?

Es el uso de herramientas clínicas validadas para cuantificar el riesgo cardiovascular y general de un paciente antes de una cirugía, combinando la historia médica, la exploración física, el tipo de cirugía y escalas como el RCRI o la clasificación ASA.

¿Qué es el índice de riesgo cardiaco revisado (RCRI)?

Es una escala que estima la probabilidad de eventos cardiacos mayores en cirugía no cardiaca, considerando variables como cirugía de alto riesgo, cardiopatía isquémica, insuficiencia cardiaca, enfermedad cerebrovascular, uso de insulina y deterioro renal.

¿Qué mide la clasificación ASA?

Ordena el estado general de salud del paciente, desde alguien sano hasta alguien con enfermedad sistémica grave, ofreciendo una visión rápida del nivel de compromiso clínico antes del procedimiento quirúrgico.

¿Qué estudios pueden derivarse de estas escalas?

Según los hallazgos, pueden indicarse electrocardiograma, ecocardiograma, Holter o MAPA, y en casos con sospecha de enfermedad coronaria significativa, una valoración cardiológica avanzada. No se piden de rutina, solo cuando aportan información útil.

¿Cuándo conviene una valoración por cardiología antes de una cirugía?

Cuando hay antecedente de infarto, angioplastia, bypass, insuficiencia cardiaca, marcapasos, soplo no estudiado, arritmia, desmayos o falta de aire de causa no clara, o cuando la cirugía es de riesgo intermedio o alto.

Compartir: