Dr. Steve Masso

Cuando un paciente escucha que necesita un cateterismo, una angioplastia o la colocación de un marcapasos, la primera pregunta suele ser muy concreta: cardiología intervencionista qué hace y por qué no basta solo con consulta y medicamentos. La respuesta corta es esta: es la rama de la cardiología que diagnostica y trata ciertos problemas del corazón y de los vasos sanguíneos mediante procedimientos mínimamente invasivos, con acceso por arterias o venas y sin recurrir, en muchos casos, a cirugía abierta.
Para muchas personas, eso cambia por completo la experiencia de atención. No se trata solo de “hacer un procedimiento”, sino de resolver una obstrucción, confirmar una presión anormal dentro del corazón, implantar un dispositivo o restaurar flujo sanguíneo con más precisión y, con frecuencia, con una recuperación más rápida. Aun así, no todo paciente cardiológico necesita intervencionismo. Ahí está una de las diferencias más importantes: saber cuándo observar, cuándo tratar con medicamentos y cuándo intervenir.
La cardiología intervencionista se enfoca en estudiar y tratar enfermedades cardiovasculares usando catéteres, guías, balones, stents y otros dispositivos especializados que se introducen por un vaso sanguíneo. Es un campo altamente técnico, pero para el paciente su valor es muy claro: permite tomar decisiones rápidas y, en muchos casos, resolver el problema en el mismo entorno hospitalario.
En la práctica, esto incluye procedimientos diagnósticos como la coronariografía o el cateterismo derecho, y procedimientos terapéuticos como la angioplastia coronaria, la colocación de marcapasos, ciertas intervenciones estructurales del corazón y tratamientos en situaciones urgentes como trombosis o embolia pulmonar seleccionada. No todos tienen la misma indicación ni el mismo nivel de complejidad, por eso la valoración previa sigue siendo esencial.
Un buen especialista en esta área no solo sabe hacer el procedimiento. También debe interpretar síntomas, electrocardiograma, ecocardiograma, Holter, MAPA, laboratorio e historia clínica para decidir si intervenir realmente aportará beneficio. En cardiología, hacer más no siempre significa hacer mejor.
Muchas personas asocian esta subespecialidad únicamente con arterias tapadas. Sí, esa es una parte central, pero no es la única. La cardiología intervencionista puede participar en el manejo de enfermedad coronaria, angina, infarto agudo al miocardio, alteraciones del ritmo que requieren marcapasos, problemas valvulares estructurales y evaluación hemodinámica cuando hay sospecha de hipertensión pulmonar o falla cardiaca compleja.
Si un paciente presenta dolor de pecho al esfuerzo, falta de aire, opresión, fatiga desproporcionada o estudios que sugieren isquemia, la coronariografía puede ayudar a ver si existe obstrucción en las arterias coronarias. Si la obstrucción es significativa y corresponde con los síntomas o el riesgo del paciente, puede realizarse una angioplastia para abrir la arteria y colocar un stent.
En otros casos, el problema no es una arteria coronaria, sino el sistema eléctrico del corazón. Cuando hay pausas, bloqueos o una frecuencia demasiado lenta, el tratamiento puede ser un marcapasos. También hay pacientes con enfermedad valvular severa que no son buenos candidatos para cirugía convencional; en escenarios seleccionados, una válvula aórtica puede tratarse con implante transcatéter.
Hay además situaciones menos conocidas pero muy relevantes, como el cateterismo derecho. Este estudio permite medir presiones dentro del corazón y de la circulación pulmonar. No sustituye al ecocardiograma, pero en ciertos pacientes da información decisiva para confirmar diagnósticos y definir tratamiento.
La coronariografía sirve para visualizar las arterias coronarias con medio de contraste y detectar estrechamientos u obstrucciones. La angioplastia va un paso más allá: abre la arteria afectada con un balón y generalmente deja un stent para mantener el flujo.
La colocación de marcapasos está indicada cuando el corazón late demasiado lento o hay fallas en la conducción eléctrica. El cateterismo derecho, por su parte, ayuda a medir presiones intracardiacas y pulmonares. En pacientes seleccionados también pueden realizarse procedimientos más avanzados, como trombofragmentación o implante valvular transcatéter.
Aunque todos estos procedimientos son mínimamente invasivos, eso no significa que sean menores. Requieren planeación, experiencia, hospital adecuado y seguimiento estrecho.
No hace falta esperar a una urgencia para ver a este especialista. Hay pacientes que llegan después de un infarto, pero también muchos que consultan por síntomas tempranos, hallazgos en estudios o por segunda opinión antes de decidir un procedimiento.
Conviene acudir si existe dolor torácico, falta de aire al esfuerzo, desmayos, palpitaciones con mareo, presión arterial difícil de controlar, sospecha de enfermedad coronaria o antecedentes de infarto. También si otro médico ya sugirió un cateterismo, una angioplastia o un marcapasos y usted quiere entender con claridad si realmente lo necesita.
Para adultos mayores y personas con diabetes, hipertensión, colesterol alto, tabaquismo o antecedentes familiares, la evaluación oportuna puede evitar retrasos peligrosos. En muchos casos, el valor de la consulta no está solo en detectar una enfermedad, sino en ordenar el proceso: qué estudio sigue, qué tan urgente es y cuál es la opción más segura.
La idea de un procedimiento cardiaco genera ansiedad, y con razón. Por eso la consulta inicial debe traducir la complejidad médica en decisiones comprensibles. Primero se revisan síntomas, factores de riesgo, antecedentes, medicamentos y estudios previos. Después se define si hace falta complementar con ecocardiograma, Holter, MAPA, prueba de laboratorio o estudios invasivos.
No todos los pacientes con dolor de pecho van directo a cateterismo. A veces el problema es presión alta no controlada, arritmia, ansiedad, anemia o una causa no cardiaca. Otras veces el cuadro sí exige actuar pronto porque el riesgo de una obstrucción coronaria es alto. La diferencia entre ambos escenarios depende de la evaluación clínica completa.
Cuando sí se recomienda un procedimiento, el paciente debe saber para qué sirve, qué información aportará, qué beneficio se espera, cuáles son los riesgos y qué alternativas existen. Esa conversación es parte de una buena atención cardiológica, no un detalle secundario.
La principal ventaja es que permite diagnosticar y tratar con precisión sin recurrir necesariamente a cirugía abierta. Eso suele traducirse en incisiones pequeñas, menor tiempo de recuperación y una estancia hospitalaria más corta en comparación con procedimientos quirúrgicos mayores. Pero esa no es toda la historia.
Otra ventaja importante es la continuidad. Cuando el mismo equipo puede valorar, diagnosticar, intervenir y dar seguimiento, se reduce la fragmentación de la atención. Para el paciente eso significa menos incertidumbre y decisiones más coordinadas. En una práctica especializada como la del Dr. Steve Masso, esta continuidad entre cardiología clínica e intervencionista resulta especialmente valiosa porque evita que el paciente quede dando vueltas entre distintos médicos sin una ruta clara.
También hay un beneficio de tiempo. En cardiología, retrasar una decisión puede costar músculo cardiaco, calidad de vida o seguridad quirúrgica. Un abordaje ágil y bien indicado hace diferencia, sobre todo en síntomas progresivos o en pacientes con alto riesgo cardiovascular.
También conviene poner límites realistas. La cardiología intervencionista no reemplaza toda la cardiología ni resuelve cualquier malestar del pecho. Hay enfermedades que requieren tratamiento médico, cambios de estilo de vida, control de factores de riesgo o cirugía cardiovascular convencional.
Por ejemplo, una obstrucción coronaria compleja en múltiples vasos puede tratarse mejor con cirugía de bypass en ciertos pacientes. Una arritmia no siempre se maneja con marcapasos. Y un stent no corrige por sí solo el problema de fondo si la diabetes, la hipertensión o el colesterol siguen descontrolados.
Este punto importa porque muchos pacientes buscan una solución rápida y definitiva. A veces existe, y a veces no. El mejor resultado suele venir de combinar prevención, tratamiento médico, estudios adecuados e intervención solo cuando está bien indicada.
La mejor señal es que la recomendación tenga lógica clínica y no suene automática. Debe haber relación entre los síntomas, los hallazgos en estudios y el beneficio esperado del procedimiento. Si un paciente no entiende por qué necesita una coronariografía o qué se busca confirmar, todavía falta parte de la explicación.
También ayuda preguntar qué pasaría si no se realiza el procedimiento, qué riesgos tiene hacerlo ahora y qué otras opciones existen. En medicina cardiovascular seria, esas preguntas no incomodan; ayudan a tomar decisiones correctas.
Para muchas familias, el momento más difícil no es el procedimiento en sí, sino la incertidumbre previa. Tener una valoración clara, humana y técnicamente sólida cambia mucho la experiencia. A veces confirma la necesidad de intervenir pronto. Otras veces evita un procedimiento innecesario. En ambos casos, lo valioso es saber que la decisión se tomó con precisión y pensando en la seguridad del paciente.
Si usted o un familiar tiene síntomas cardiacos, factores de riesgo importantes o ya recibió indicación de un cateterismo, una angioplastia o un marcapasos, buscar una opinión especializada a tiempo puede darle algo más que un diagnóstico: puede darle claridad para actuar con confianza.
Es la rama de la cardiología que diagnostica y trata ciertos problemas del corazón y de los vasos sanguíneos mediante procedimientos mínimamente invasivos, con acceso por arterias o venas, sin recurrir en muchos casos a cirugía abierta.
Incluye procedimientos diagnósticos como la coronariografía y el cateterismo derecho, y procedimientos terapéuticos como la angioplastia coronaria, la colocación de marcapasos, la trombofragmentación y, en pacientes seleccionados, el implante valvular transcatéter.
Conviene acudir si hay dolor torácico, falta de aire al esfuerzo, desmayos, palpitaciones con mareo, presión arterial difícil de controlar, sospecha de enfermedad coronaria o antecedentes de infarto, o si otro médico ya sugirió un cateterismo, una angioplastia o un marcapasos.
No en todos los casos. Una obstrucción coronaria compleja en múltiples vasos puede tratarse mejor con cirugía de bypass, y un stent por sí solo no corrige el problema de fondo si factores como la diabetes, la hipertensión o el colesterol siguen sin control.
La coronariografía es un estudio diagnóstico que visualiza las arterias coronarias con medio de contraste para detectar obstrucciones. La angioplastia es terapéutica: abre la arteria afectada con un balón y generalmente coloca un stent para mantener el flujo.