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Cuándo se necesita un marcapasos y qué esperar

Un desmayo inesperado, cansancio al caminar pocos metros o una sensación repetida de que el corazón “se detiene” no siempre tienen la misma causa. Pero sí son señales que merecen una valoración cardiológica sin demora. Entender cuándo se necesita un marcapasos ayuda a tomar decisiones con menos miedo y con base en un diagnóstico preciso, no solo en los síntomas.

Un marcapasos no se coloca por rutina ni porque una persona haya cumplido cierta edad. Se indica cuando el corazón late demasiado lento, presenta pausas relevantes o no logra mantener un ritmo que permita llevar suficiente sangre al cerebro y al resto del cuerpo. En muchos casos, el dispositivo permite recuperar seguridad, energía y autonomía.

¿Cuándo se necesita un marcapasos?

El corazón cuenta con un sistema eléctrico propio que coordina cada latido. El nodo sinusal, ubicado en la parte superior del corazón, normalmente genera el impulso eléctrico. Ese impulso viaja por vías especializadas hasta los ventrículos, las cavidades que bombean la sangre al organismo.

Cuando este sistema falla, el ritmo puede volverse demasiado lento o interrumpirse. Un marcapasos es un dispositivo pequeño que vigila el ritmo cardíaco y emite impulsos eléctricos solo cuando hace falta. No reemplaza al corazón ni lo hace trabajar de forma continua si no lo necesita: está diseñado para apoyar su ritmo natural.

Las razones más frecuentes para recomendarlo son la disfunción del nodo sinusal y los bloqueos auriculoventriculares. En el primer caso, el corazón produce latidos demasiado lentos o alterna periodos de lentitud con ritmos acelerados. En el segundo, la señal eléctrica no llega adecuadamente de las aurículas a los ventrículos. Un bloqueo completo o avanzado puede causar síntomas importantes y requerir tratamiento oportuno.

También puede indicarse después de ciertos procedimientos cardíacos, en personas con alteraciones específicas de la conducción eléctrica o, en casos seleccionados, como parte del tratamiento de insuficiencia cardíaca mediante un dispositivo de resincronización. La indicación depende de la causa, los síntomas, el electrocardiograma y los hallazgos de estudios de monitoreo.

Síntomas que requieren una valoración pronta

No toda frecuencia cardíaca baja significa que se necesita un marcapasos. Algunas personas activas tienen una frecuencia baja en reposo sin que sea un problema. La diferencia está en si el ritmo es adecuado para las necesidades del cuerpo y si provoca síntomas.

Conviene solicitar atención cardiológica si se presentan episodios repetidos de:
Desmayo, casi desmayo o mareo sin una explicación clara.
Fatiga marcada, debilidad o falta de aire con actividades habituales.
Palpitaciones acompañadas de pausas, sensación de latidos irregulares o presión en el pecho.
Confusión transitoria, visión borrosa o dificultad repentina para concentrarse.

El dolor intenso en el pecho, falta de aire severa, desmayo prolongado o síntomas neurológicos repentinos requieren atención de urgencia. No es recomendable esperar a que el episodio se repita para buscar ayuda.

En adultos mayores, los síntomas pueden ser menos evidentes. A veces se manifiestan como caídas inexplicables, menor tolerancia al esfuerzo, somnolencia inusual o cambios en la capacidad de realizar actividades diarias. Los familiares y cuidadores suelen ser clave para identificar estos cambios y reportarlos durante la consulta.

El diagnóstico define si el marcapasos es la mejor opción

Antes de implantar un dispositivo, el objetivo es confirmar qué sucede con el ritmo cardíaco y relacionarlo con los síntomas. Un electrocardiograma puede detectar una alteración si ocurre en ese momento, pero no siempre registra problemas intermitentes.

Por ello, el cardiólogo puede solicitar un Holter, que registra la actividad eléctrica del corazón durante 24 horas o más, o un monitor de eventos cuando los episodios son menos frecuentes. La evaluación también puede incluir ecocardiograma, análisis de medicamentos y estudios de laboratorio. Algunos fármacos para presión arterial, arritmias u otros padecimientos pueden enlentecer el corazón; en ciertos casos, ajustar el tratamiento resuelve el problema sin necesidad de implante.

Esta precisión importa. Colocar un marcapasos cuando está indicado puede prevenir desmayos y mejorar la calidad de vida. Colocarlo sin una causa bien establecida no ofrece el mismo beneficio. Por eso, una segunda opinión especializada puede ser útil cuando hay dudas sobre el diagnóstico o la recomendación de procedimiento.

¿Cómo es el implante de un marcapasos?

El implante se realiza habitualmente en un entorno hospitalario, con monitoreo continuo y un equipo especializado. En la mayoría de los casos se utiliza anestesia local y sedación, por lo que el paciente permanece cómodo y puede responder si es necesario. La técnica suele ser mínimamente invasiva.

A través de una pequeña incisión debajo de la clavícula, se colocan uno o más cables muy delgados dentro del corazón mediante una vena. Estos cables se conectan al generador, que contiene la batería y el sistema electrónico del marcapasos. El generador queda alojado bajo la piel, generalmente en la parte superior del tórax.

El tiempo del procedimiento varía según el tipo de dispositivo y las condiciones clínicas de cada persona. Antes de terminar, se comprueba que los electrodos funcionen correctamente y que la programación responda a las necesidades del paciente. Algunas personas permanecen en observación hasta el día siguiente; otras pueden tener un alta más temprana si su evolución es estable.

Existen también marcapasos sin cables para perfiles seleccionados. Se implantan directamente dentro del corazón mediante un catéter introducido por una vena de la pierna. No son adecuados para todos los tipos de alteración del ritmo, por lo que la elección depende de la anatomía, el diagnóstico y el objetivo del tratamiento.

Recuperación y cuidados después del implante

Es normal sentir molestia local, moretón o sensibilidad alrededor de la incisión durante los primeros días. El equipo médico indicará cómo cuidar la herida, cuándo retirar el apósito y qué señales de alarma vigilar, como enrojecimiento creciente, secreción, fiebre o dolor que empeora.

Durante las primeras semanas suele recomendarse evitar levantar peso y realizar movimientos amplios o repetitivos con el brazo del lado del implante. No se trata de dejar el brazo inmóvil, sino de proteger la zona mientras los cables se fijan adecuadamente. El tiempo exacto de restricción debe individualizarse.

Las revisiones posteriores son parte esencial del tratamiento. En ellas se evalúa la batería, el funcionamiento de los electrodos y los registros almacenados por el dispositivo. Muchos marcapasos permiten monitoreo remoto, lo que facilita detectar cambios relevantes entre consultas sin sustituir la atención presencial cuando se requiere.

La mayoría de los aparatos domésticos y teléfonos celulares pueden usarse con normalidad. Sin embargo, se deben seguir las indicaciones sobre imanes potentes, ciertos equipos industriales y estudios como la resonancia magnética. Muchos dispositivos actuales son compatibles con resonancia bajo protocolos específicos, pero siempre debe verificarse el modelo antes del estudio.

Vivir con un marcapasos: lo que realmente cambia

Para muchas personas, el mayor cambio es volver a hacer actividades que habían limitado por cansancio, mareo o temor a desmayarse. Caminar, viajar y mantener una vida social activa suelen ser posibles después de la recuperación y con autorización médica. El marcapasos no elimina todas las enfermedades cardíacas ni reemplaza hábitos saludables, pero puede resolver el problema eléctrico que estaba afectando el bienestar diario.

La batería suele durar varios años. Cuando se agota, normalmente se cambia el generador mediante un procedimiento más sencillo que el implante inicial, mientras los cables pueden mantenerse si funcionan bien. La duración depende del modelo, la programación y de cuánto apoyo eléctrico necesite cada corazón.

Si se ha recomendado un marcapasos, llevar a consulta una lista de síntomas, medicamentos y episodios de desmayo o mareo ayuda a decidir con mayor claridad. Una explicación personalizada sobre la causa del problema, el tipo de dispositivo y el plan de seguimiento transforma una decisión preocupante en un tratamiento concreto, seguro y orientado a recuperar tranquilidad.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se necesita un marcapasos?

Cuando el corazón late demasiado lento, presenta pausas relevantes o no logra mantener un ritmo suficiente para llevar sangre al cerebro y al cuerpo, generalmente por disfunción del nodo sinusal o bloqueos auriculoventriculares.

¿Qué síntomas requieren una valoración cardiológica pronta?

Desmayo, casi desmayo o mareo sin explicación clara, fatiga marcada o falta de aire con actividades habituales, palpitaciones con pausas o presión en el pecho, y confusión transitoria o visión borrosa repentina.

¿Cómo se decide si un marcapasos es la mejor opción?

Se confirma la causa del problema con estudios como Holter, monitor de eventos, electrocardiograma o ecocardiograma, y se revisa si algún medicamento está enlenteciendo el corazón antes de indicar el implante.

¿Cómo es el implante de un marcapasos?

Se realiza en un hospital con anestesia local y sedación. A través de una pequeña incisión bajo la clavícula se colocan cables dentro del corazón mediante una vena, conectados a un generador alojado bajo la piel.

¿Qué cambia en la vida diaria después de tener un marcapasos?

Muchas personas recuperan actividades que habían limitado por cansancio, mareo o temor a desmayarse. La batería suele durar varios años y, al agotarse, se cambia el generador con un procedimiento más sencillo que el implante inicial.

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