Dr. Steve Masso

Dr. Steve Masso
Un dolor opresivo en el pecho que no cede, acompañado de falta de aire, sudor frío o náusea, no debe observarse en casa para ver si mejora. Los casos de trombosis coronaria pueden evolucionar en minutos hacia un infarto agudo de miocardio, por lo que reconocer el problema y acudir a un hospital con atención cardiovascular puede hacer una diferencia decisiva.
La trombosis coronaria ocurre cuando se forma un coágulo dentro de una arteria coronaria, los vasos que llevan oxígeno al músculo cardíaco. Si el flujo se reduce de forma importante o se bloquea por completo, una parte del corazón comienza a sufrir por falta de oxígeno. La prioridad médica es confirmar qué sucede y restaurar la circulación con la mayor rapidez y seguridad posibles.
No todos los cuadros se presentan igual. En la mayoría de los casos, el evento inicia sobre una placa de aterosclerosis: una acumulación de colesterol, células inflamatorias y calcio en la pared de una arteria. Cuando esa placa se rompe o erosiona, las plaquetas se activan y forman un coágulo. Ese trombo puede estrechar la arteria o cerrarla súbitamente.
La consecuencia depende de la arteria afectada, del tamaño del coágulo, del tiempo transcurrido y de si existen vasos alternos que aporten sangre al corazón. Un bloqueo parcial puede manifestarse como angina inestable, con dolor nuevo, más intenso o más frecuente. Un bloqueo total suele causar un infarto con elevación del segmento ST, una urgencia que habitualmente requiere abrir la arteria de inmediato.
También hay situaciones menos frecuentes. Una trombosis puede aparecer dentro de un stent coronario, especialmente si se suspenden sin indicación los medicamentos antiagregantes, si el stent no se expandió adecuadamente o si hay factores clínicos de alto riesgo. En personas jóvenes, puede relacionarse con tabaquismo intenso, consumo de cocaína u otros estimulantes, trastornos de coagulación, enfermedades autoinmunes o disección espontánea de una arteria coronaria. Por eso, cada caso necesita una valoración individual, no suposiciones.
El síntoma más conocido es la presión, ardor o peso en el centro del pecho. Puede extenderse al brazo izquierdo o derecho, espalda, cuello, mandíbula o boca del estómago. Sin embargo, algunas personas, sobre todo mujeres, adultos mayores y pacientes con diabetes, pueden tener síntomas menos típicos.
Acuda a una sala de emergencias o solicite ayuda médica urgente si aparece alguno de estos signos, en especial si dura más de unos minutos, reaparece o empeora con el esfuerzo:
- Dolor, presión o molestia intensa en pecho, espalda, cuello, mandíbula o brazos.
- Falta de aire, sudoración fría, palidez, náusea o vómito sin una explicación clara.
- Debilidad súbita, mareo intenso, desmayo o sensación de muerte inminente.
- Palpitaciones sostenidas asociadas con dolor de pecho, falta de aire o desvanecimiento.
No es prudente trasladarse manejando ni esperar una consulta programada ante estos síntomas. Tampoco se debe tomar aspirina, anticoagulantes o medicamentos de otra persona sin una indicación profesional, porque no todos los dolores de pecho tienen la misma causa y algunos tratamientos pueden ser riesgosos en determinados escenarios.
Ante sospecha de trombosis coronaria, el electrocardiograma debe realizarse pronto. Este estudio puede mostrar cambios compatibles con falta de riego sanguíneo o con un infarto en curso. Los análisis de sangre, particularmente la troponina, ayudan a detectar lesión del músculo cardíaco y se repiten en intervalos definidos porque pueden ser normales al inicio.
El ecocardiograma permite observar cómo se contrae el corazón y si una zona tiene movimiento reducido. También ayuda a descartar otras causas relevantes de dolor torácico. Según el contexto, pueden requerirse radiografías, tomografía o pruebas adicionales para diferenciar una enfermedad coronaria de una embolia pulmonar, una disección de aorta, una pericarditis u otros padecimientos.
Cuando el cuadro clínico y los estudios sugieren una obstrucción coronaria significativa, la coronariografía es el método que permite ver directamente las arterias del corazón. A través de un catéter fino, generalmente introducido por la muñeca o la ingle, se administra contraste para identificar el sitio y la gravedad de la obstrucción. Es un estudio diagnóstico, pero también puede convertirse en tratamiento durante el mismo procedimiento.
En un infarto con arteria completamente ocluida, la angioplastia primaria suele ser la estrategia preferida cuando puede realizarse oportunamente en un hospital preparado. El cardiólogo intervencionista avanza un catéter hasta la arteria afectada, utiliza un balón para abrir el estrechamiento y, en muchos casos, coloca un stent que ayuda a mantener el vaso abierto.
La angioplastia no elimina el riesgo cardiovascular de por vida ni sustituye el tratamiento médico. Su ventaja es restaurar el flujo de forma rápida y mínimamente invasiva cuando hay una obstrucción tratable. En ciertos casos, por la anatomía de las arterias, la extensión de la enfermedad o el estado clínico de la persona, puede ser más conveniente un manejo farmacológico inicial, una cirugía de bypass coronario o una estrategia escalonada. La decisión se basa en hallazgos concretos, no en una fórmula única.
Los medicamentos forman parte central del tratamiento. Dependiendo del caso, pueden incluir antiagregantes plaquetarios, anticoagulantes durante la fase aguda, estatinas de alta intensidad, medicamentos para controlar presión arterial y fármacos que reduzcan el trabajo del corazón. Tras colocar un stent, respetar la terapia antiagregante indicada es fundamental. Suspenderla por cuenta propia, incluso antes de un procedimiento dental o cirugía, puede elevar el riesgo de trombosis del stent.
En la Ciudad de México, una atención que integre cardiología clínica e intervencionista permite pasar con mayor continuidad de la evaluación inicial al diagnóstico invasivo y, si es necesario, a la resolución mediante angioplastia. El Dr. Steve Masso valora cada escenario con base en síntomas, estudios, riesgos y objetivos del paciente, incluyendo la posibilidad de una segunda opinión cuando se enfrenta una decisión compleja.
Superar la fase aguda es el comienzo de una etapa igualmente importante. Después de una trombosis coronaria, el riesgo de nuevos eventos se reduce con seguimiento cercano, medicamentos bien ajustados y cambios sostenibles en hábitos. La rehabilitación cardíaca, cuando está disponible e indicada, ofrece ejercicio supervisado, educación y apoyo para retomar actividades con mayor seguridad.
Dejar de fumar es una de las intervenciones con mayor impacto. También conviene controlar presión arterial, colesterol, glucosa y peso, además de mantener actividad física indicada por el cardiólogo. Una alimentación basada en verduras, frutas, leguminosas, granos integrales, pescado y proteínas magras favorece el control de factores de riesgo; no se trata de una dieta temporal, sino de un patrón que pueda mantenerse.
El seguimiento debe ser más estricto si existen diabetes, enfermedad renal, antecedentes de infarto, insuficiencia cardíaca, enfermedad arterial periférica o historia familiar de enfermedad coronaria prematura. A veces se requieren pruebas de esfuerzo, ecocardiograma, monitoreo de ritmo cardíaco o ajustes en el tratamiento para aclarar síntomas persistentes y medir la recuperación.
No hace falta haber tenido un infarto para consultar. Una valoración cardiológica es razonable si hay dolor de pecho al caminar o subir escaleras, falta de aire nueva, cansancio desproporcionado, presión alta, colesterol elevado, diabetes, tabaquismo o antecedentes familiares de infarto temprano. También puede ser útil antes de una cirugía no cardíaca o al iniciar un programa intenso de ejercicio si existen factores de riesgo.
La prevención no consiste en pedir todos los estudios disponibles. Consiste en elegir el estudio adecuado para cada persona y actuar antes de que una placa inestable se convierta en una emergencia. Si el cuerpo está enviando señales, atenderlas con rapidez y una evaluación especializada ofrece algo muy valioso: decisiones claras cuando más se necesitan.
Es la formación de un coágulo dentro de una arteria coronaria. Si reduce o bloquea el flujo de sangre al corazón, puede causar angina inestable o un infarto agudo de miocardio.
Dolor, presión o ardor en el pecho que puede extenderse a brazos, espalda, cuello o mandíbula, además de falta de aire, sudor frío, náusea, palidez, mareo o desmayo. Si son intensos, duran más de unos minutos o reaparecen, solicite atención urgente.
Acuda a una sala de emergencias o solicite ayuda médica urgente. No es prudente trasladarse manejando ni esperar a que desaparezcan los síntomas. No tome aspirina, anticoagulantes o medicamentos de otra persona sin una indicación profesional.
La evaluación puede incluir electrocardiograma y análisis de sangre, como troponina. Según los síntomas y hallazgos, también se usan ecocardiograma y coronariografía para observar las arterias y decidir el tratamiento.
No. La decisión depende de la arteria afectada, la extensión de la enfermedad, el estado clínico y los resultados de los estudios. El equipo médico puede considerar angioplastia, medicamentos, cirugía de bypass u otra estrategia individualizada.
No los suspenda ni modifique por cuenta propia. Interrumpirlos puede aumentar el riesgo de trombosis del stent. Si tiene programada una cirugía o procedimiento dental, consulte antes con su cardiólogo y el equipo que realizará el procedimiento.
Hospital Médica Sur, Puente de Piedra 150, Tlalpan, CDMX.
Hospital MAC Santa Fe, Vasco de Quiroga 4973, La Ponderosa, Cuajimalpa de Morelos, 05370 Ciudad de México, CDMX
