Dr. Steve Masso

Dr. Steve Masso
Un pulso que de pronto se siente desordenado, acelerado o demasiado fuerte puede ser inquietante, especialmente si aparece sin hacer ejercicio. Saber cómo detectar fibrilación auricular permite buscar una valoración a tiempo y evitar que un trastorno del ritmo cardíaco pase inadvertido durante meses. La fibrilación auricular no siempre provoca síntomas intensos, pero cuando no se identifica ni se trata adecuadamente puede aumentar el riesgo de un evento vascular cerebral, insuficiencia cardíaca y otras complicaciones.
La buena noticia es que existen estudios precisos para confirmar el diagnóstico. El primer paso es reconocer las señales, entender cuándo requieren atención inmediata y no asumir que toda palpitación es ansiedad, cansancio o una consecuencia normal de la edad.
La fibrilación auricular, también llamada FA, es una arritmia. Ocurre cuando las aurículas, las cavidades superiores del corazón, laten de forma rápida y desorganizada. En lugar de contraerse con un ritmo coordinado, generan impulsos eléctricos irregulares que hacen que el pulso pueda sentirse desigual.
No todos los pacientes tienen el mismo patrón. Algunas personas presentan episodios breves que aparecen y desaparecen por sí solos. Otras mantienen la arritmia durante días, semanas o de manera persistente. Esta diferencia importa porque influye en la estrategia de monitoreo y tratamiento, pero cualquier sospecha debe valorarse con un cardiólogo.
El principal riesgo es que la sangre pueda estancarse dentro de la aurícula y formar coágulos. Si uno de ellos viaja al cerebro, puede causar un evento vascular cerebral. Por eso, detectar la arritmia no se limita a controlar una molestia: es una oportunidad para prevenir complicaciones graves.
Las palpitaciones son una señal frecuente. El paciente puede describirlas como aleteo en el pecho, golpeteos irregulares, pausas entre latidos o la sensación de que el corazón “se sale” del ritmo. Sin embargo, la fibrilación auricular puede ocurrir incluso con una frecuencia cardíaca no muy elevada, por lo que la ausencia de taquicardia marcada no la descarta.
También puede producir cansancio inusual al caminar, subir escaleras o realizar tareas que antes se toleraban bien. Algunas personas sienten falta de aire, presión o incomodidad en el pecho, mareo, debilidad o dificultad para concentrarse. En adultos mayores, una disminución repentina de la energía o una sensación de inestabilidad puede ser la única pista.
Conviene prestar atención a cuatro situaciones, sobre todo si se repiten o aparecen sin una explicación clara:
- Pulso irregular, acelerado o con saltos perceptibles.
- Falta de aire, fatiga o menor tolerancia al esfuerzo.
- Mareo, sensación de desmayo o desmayo.
- Molestia, opresión o dolor en el pecho.
Estos síntomas no confirman por sí solos una fibrilación auricular. Pueden relacionarse con otras arritmias, anemia, alteraciones de la tiroides, ansiedad, deshidratación o enfermedad cardíaca estructural. Precisamente por eso se necesita una evaluación médica y un registro del ritmo cardíaco.
Cuando no hay síntomas
Una parte relevante de los casos se detecta de forma incidental durante una consulta, antes de una cirugía, al revisar la presión arterial o mediante un electrocardiograma solicitado por otra razón. Esto es más común en personas con hipertensión, diabetes, apnea del sueño, enfermedad de las válvulas cardíacas, insuficiencia cardíaca o antecedentes de evento vascular cerebral.
Por esta razón, una persona con factores de riesgo no debe esperar a presentar palpitaciones para solicitar una revisión cardiológica. Medir el pulso ocasionalmente puede ayudar a identificar irregularidades, pero no sustituye los estudios diagnósticos.
Puede colocar las yemas de los dedos índice y medio en la cara interna de la muñeca, debajo del pulgar, y contar los latidos durante un minuto completo. Si el ritmo cambia de forma impredecible, con intervalos desiguales entre un latido y otro, vale la pena solicitar una valoración.
Este método tiene límites. Un pulso irregular puede deberse a extrasístoles, que son latidos adelantados y con frecuencia benignos, o a otras alteraciones del ritmo. Además, algunos episodios de fibrilación auricular son intermitentes y no estarán presentes justo al momento de revisar el pulso.
Los relojes inteligentes y otros dispositivos de consumo pueden alertar sobre ritmo irregular. Son útiles como una señal para consultar, en especial si registran episodios repetidos, pero no deben utilizarse para autodiagnosticarse ni para iniciar o suspender medicamentos. La confirmación requiere un registro médico validado y la interpretación de un especialista.
El electrocardiograma, o ECG, es el estudio inicial más directo. Registra la actividad eléctrica del corazón en pocos minutos y puede confirmar la fibrilación auricular si la arritmia está ocurriendo durante el estudio. Es indoloro, rápido y fundamental ante palpitaciones, mareo, falta de aire o hallazgo de pulso irregular.
El reto aparece cuando los síntomas van y vienen. Un ECG normal no descarta una arritmia intermitente si el episodio ya terminó. En esos casos, el Holter puede ser decisivo. Este monitor registra el ritmo cardíaco de forma continua, habitualmente durante 24 o 48 horas, mientras la persona realiza sus actividades cotidianas.
Si los episodios son menos frecuentes, el cardiólogo puede indicar un monitor de eventos o un monitoreo más prolongado. La elección depende de cada caso: no tiene sentido limitarse a un registro de un día si las palpitaciones aparecen solo una vez por semana o al mes. Llevar una nota de la hora, duración, actividad realizada y síntomas ayuda a correlacionar lo que siente el paciente con el registro del monitor.
También puede ser necesario un ecocardiograma. Este estudio utiliza ultrasonido para evaluar la estructura y función del corazón, revisar las válvulas, medir el tamaño de las aurículas y detectar condiciones que pueden favorecer la arritmia. No identifica por sí mismo todos los episodios de fibrilación auricular, pero aporta información esencial para decidir el manejo.
La valoración puede complementarse con análisis de sangre para revisar función tiroidea, electrolitos, función renal y otras causas o factores que influyen en la arritmia. En pacientes seleccionados, se solicitan estudios adicionales según sus antecedentes, síntomas y hallazgos clínicos.
Las palpitaciones aisladas sin otros síntomas pueden evaluarse mediante una consulta programada, pero hay señales que no deben esperar. Acuda a una sala de emergencias o solicite atención médica inmediata si presenta dolor intenso u opresivo en el pecho, dificultad importante para respirar, desmayo, debilidad súbita de un lado del cuerpo, desviación de la boca, alteración del habla, confusión o pérdida repentina de la visión.
Estos síntomas pueden indicar una emergencia cardiovascular o neurológica. No es recomendable conducir por cuenta propia si se siente inestable, ni esperar a que las molestias desaparezcan para pedir ayuda.
La edad aumenta la probabilidad de fibrilación auricular, pero no es el único factor. La hipertensión arterial es una de las causas más frecuentes, especialmente cuando lleva años sin control adecuado. También influyen la obesidad, diabetes, apnea obstructiva del sueño, consumo elevado de alcohol, tabaquismo, enfermedad coronaria, alteraciones tiroideas y antecedentes familiares de arritmias.
Los episodios pueden desencadenarse después de una noche de poco descanso, consumo importante de alcohol, fiebre, deshidratación o estrés físico. Identificar un desencadenante es útil, aunque no debe dar una falsa sensación de seguridad. Que una arritmia aparezca después de una celebración o de una infección no elimina la necesidad de documentarla y valorar el riesgo de coágulos.
En una consulta cardiológica, el objetivo no es solo confirmar si existe fibrilación auricular. También se revisa la presión arterial, el estado de las válvulas y el músculo cardíaco, los medicamentos actuales y el riesgo individual de evento vascular cerebral. Con esa información se define si se requiere controlar la frecuencia cardíaca, restaurar o mantener el ritmo, considerar anticoagulación o tratar una causa asociada.
La detección temprana ofrece más claridad y más opciones. Si ha notado un pulso irregular, episodios de palpitaciones o fatiga que no reconoce como habitual, una valoración con electrocardiograma y monitoreo adecuado puede convertir una duda persistente en un plan médico seguro y personalizado.
Es una arritmia en la que las aurículas laten de forma rápida y desorganizada, lo que puede hacer que el pulso se sienta desigual.
Palpitaciones o pulso irregular, cansancio inusual, falta de aire, presión o incomodidad en el pecho, mareo, debilidad o dificultad para concentrarse. Estos síntomas no confirman por sí solos el diagnóstico.
No. Puede deberse a extrasístoles u otras alteraciones del ritmo. Se necesita una evaluación médica y un registro del ritmo cardíaco para confirmar la causa.
No necesariamente. Si la arritmia es intermitente, el ECG puede ser normal cuando el episodio ya terminó. El cardiólogo puede indicar un Holter, un monitor de eventos u otro monitoreo más prolongado.
Pueden alertar sobre un ritmo irregular y servir como señal para consultar, pero no sustituyen un registro médico validado ni la interpretación de un especialista.
Dolor intenso u opresivo en el pecho, dificultad importante para respirar, desmayo, debilidad súbita de un lado del cuerpo, desviación de la boca, alteración del habla, confusión o pérdida repentina de la visión.
Hospital Médica Sur, Puente de Piedra 150, Tlalpan, CDMX.
Hospital MAC Santa Fe, Vasco de Quiroga 4973, La Ponderosa, Cuajimalpa de Morelos, 05370 Ciudad de México, CDMX
