Dr. Steve Masso

Dr. Steve Masso
Una arritmia puede hacer que el corazón lata demasiado lento, demasiado rápido o de forma desorganizada. Ante un diagnóstico así, es frecuente escuchar dos opciones y preguntarse cuál es la diferencia entre un marcapasos versus desfibrilador implantable. Aunque ambos son dispositivos colocados bajo la piel y conectados al corazón mediante cables en la mayoría de los casos, no cumplen la misma función ni se indican para los mismos riesgos.
La decisión no se toma únicamente por la edad, por tener palpitaciones o por un resultado aislado en un electrocardiograma. Depende del tipo de arritmia, de la función de bombeo del corazón, de los síntomas, de antecedentes como desmayos o infartos y del riesgo real de presentar una arritmia potencialmente mortal. Una valoración cardiológica precisa permite elegir un tratamiento que proteja al paciente sin implantar un dispositivo que no necesita.
El marcapasos está diseñado principalmente para evitar que el corazón lata demasiado lento. Si detecta una pausa prolongada o una frecuencia baja, envía pequeños impulsos eléctricos para mantener un ritmo adecuado. La mayoría de las personas no percibe esos impulsos.
El desfibrilador automático implantable, conocido como DAI, vigila de manera continua el ritmo cardíaco y tiene una función adicional: puede reconocer arritmias ventriculares muy rápidas y peligrosas, como la taquicardia ventricular sostenida o la fibrilación ventricular. Según el caso, puede intentar corregirlas con estimulación rápida y, si es necesario, administrar una descarga para restablecer el ritmo.
Dicho de forma sencilla, un marcapasos trata sobre todo la lentitud del corazón. Un desfibrilador implantable protege frente a ciertos ritmos peligrosamente rápidos que pueden causar paro cardíaco súbito. Algunos desfibriladores también pueden funcionar como marcapasos cuando el ritmo baja demasiado.
Un marcapasos puede ser una solución cuando el sistema eléctrico natural del corazón no genera o no conduce bien los impulsos. Entre las causas más comunes están el síndrome del seno enfermo, los bloqueos auriculoventriculares avanzados y algunas bradicardias que provocan síntomas.
No toda frecuencia cardíaca baja requiere un implante. Hay personas activas, especialmente durante el descanso o el sueño, que pueden tener pulsos bajos sin que esto represente una enfermedad. Lo que orienta la decisión es la relación entre el ritmo y los síntomas: desmayos, mareo, cansancio marcado, falta de aire, confusión, intolerancia al ejercicio o pausas documentadas en estudios de monitoreo.
También existen situaciones en las que un tratamiento necesario para controlar una arritmia rápida reduce demasiado la frecuencia cardíaca. En pacientes seleccionados, el marcapasos permite mantener una frecuencia segura mientras se utiliza el medicamento indicado.
El modelo más habitual estimula una o dos cavidades del corazón, de acuerdo con la alteración eléctrica que tenga el paciente. En algunos casos de insuficiencia cardíaca con contracciones descoordinadas, puede indicarse una terapia de resincronización cardíaca. Este dispositivo estimula ambos ventrículos para mejorar la coordinación del bombeo.
La resincronización no es apropiada para todas las personas con insuficiencia cardíaca. Se considera tras revisar el electrocardiograma, el ecocardiograma, la fracción de eyección, los síntomas y el tratamiento médico que ya recibe el paciente. Puede colocarse como marcapasos de resincronización o como desfibrilador con resincronización, dependiendo del riesgo arrítmico.
El DAI se indica cuando existe un riesgo elevado de arritmias ventriculares graves. Puede recomendarse como prevención secundaria después de haber sobrevivido a un paro cardíaco o a una taquicardia ventricular sostenida sin una causa reversible. En este contexto, su objetivo es reducir el riesgo de que un episodio futuro sea fatal.
También puede valorarse como prevención primaria en ciertos pacientes que no han tenido un paro, pero presentan una función de bombeo muy reducida pese a recibir tratamiento adecuado, o tienen enfermedades cardíacas hereditarias específicas asociadas con muerte súbita. Una cicatriz por infarto previo, algunas cardiomiopatías y determinados síndromes eléctricos pueden aumentar el riesgo, pero cada diagnóstico tiene criterios propios.
Tener palpitaciones, ansiedad o extrasístoles no significa automáticamente que se necesite un desfibrilador. De hecho, muchas palpitaciones son benignas. El punto clave es identificar si existe una arritmia ventricular peligrosa y qué probabilidad tiene de repetirse.
Antes de implantar un dispositivo, el cardiólogo debe entender qué está ocurriendo en el ritmo y en la estructura del corazón. La consulta comienza con los síntomas, los medicamentos, los antecedentes familiares de muerte súbita, infartos, insuficiencia cardíaca y episodios de desmayo.
El electrocardiograma ofrece una primera fotografía del sistema eléctrico. Sin embargo, las arritmias pueden ser intermitentes. Por eso, un Holter de 24 horas o un monitoreo más prolongado puede registrar pausas, ritmos lentos o taquicardias que no aparecen durante la consulta. El ecocardiograma permite valorar válvulas, tamaño de las cavidades y fuerza de contracción del corazón.
En determinadas situaciones se requieren estudios adicionales, como prueba de esfuerzo, resonancia cardíaca, cateterismo o evaluación de arterias coronarias. Si hay enfermedad coronaria que puede tratarse, alteraciones de electrolitos, efectos de medicamentos u otra causa corregible, el plan puede cambiar. Implantar un dispositivo sin aclarar la causa de fondo no es la forma más segura de proceder.
Tanto el marcapasos como el desfibrilador suelen colocarse en un entorno hospitalario, generalmente mediante una pequeña incisión debajo de la clavícula. Los cables se introducen por una vena hasta el corazón y se conectan al generador, que queda alojado bajo la piel. En casos seleccionados existen sistemas sin cables o desfibriladores subcutáneos, pero su indicación depende de la anatomía y de la necesidad de estimulación.
El procedimiento se realiza habitualmente con anestesia local y sedación. La duración varía según el dispositivo y la complejidad clínica. Después se revisa la herida, se confirma la posición y funcionamiento del sistema y se programan los parámetros de acuerdo con las necesidades del paciente.
Durante las primeras semanas conviene cuidar la herida y seguir las indicaciones sobre movimiento del brazo del lado del implante. No se trata de inmovilizarse por completo, sino de evitar esfuerzos o movimientos amplios que puedan afectar la cicatrización y la fijación inicial de los cables. El equipo tratante indicará cuándo es seguro retomar trabajo, ejercicio, manejo y actividades cotidianas.
Un implante no termina el tratamiento: inicia una etapa de seguimiento. En cada revisión se evalúan la batería, los cables, los ritmos registrados y la programación del dispositivo. Muchos equipos permiten monitoreo remoto, lo que ayuda a detectar alertas sin esperar a la siguiente cita presencial, aunque no sustituye todos los controles médicos.
La batería de un marcapasos suele durar varios años, y la del desfibrilador puede tener una duración distinta porque requiere más energía, especialmente si administra terapias. Cuando se agota, por lo general se reemplaza el generador mediante un procedimiento más sencillo que el implante inicial, mientras que los cables se conservan si funcionan adecuadamente.
Los teléfonos, electrodomésticos comunes y la mayoría de los equipos de uso diario suelen ser seguros cuando se utilizan de manera normal. Aun así, el paciente debe informar que porta un dispositivo antes de ciertos procedimientos médicos y seguir las recomendaciones específicas sobre imanes, detectores de seguridad, estudios de imagen y herramientas industriales.
Si una persona con desfibrilador recibe una descarga, debe comunicarlo al equipo de cardiología. Una descarga única, seguida de recuperación completa, requiere orientación pronta; descargas repetidas, dolor de pecho, desmayo, falta de aire intensa o malestar persistente son motivos para solicitar atención de emergencia. También se debe valorar de inmediato cualquier enrojecimiento progresivo, secreción, fiebre o inflamación en la zona del implante.
El mejor dispositivo no es el más avanzado ni el que otra persona tiene. Es el que responde al problema eléctrico específico y al nivel de riesgo de cada paciente. Un marcapasos puede devolver seguridad y capacidad funcional a alguien con bradicardia sintomática; un desfibrilador implantable puede ser una medida de protección decisiva para quien enfrenta riesgo de arritmias ventriculares graves.
Si usted o un familiar han presentado desmayos, pausas cardíacas, taquicardia ventricular, insuficiencia cardíaca o antecedentes de paro cardíaco, buscar una valoración especializada permite convertir una preocupación urgente en un plan claro, seguro y acompañado.
El marcapasos trata principalmente ritmos demasiado lentos. El desfibrilador automático implantable vigila el ritmo y puede corregir ciertas arritmias ventriculares rápidas y peligrosas mediante estimulación o una descarga.
No. La decisión considera la relación entre el ritmo y síntomas como desmayos, mareo, cansancio marcado, falta de aire, confusión, intolerancia al ejercicio o pausas documentadas.
No. Muchas palpitaciones son benignas. La indicación depende de identificar si existe una arritmia ventricular peligrosa y de valorar la probabilidad de que se repita.
La evaluación puede incluir electrocardiograma, Holter o monitoreo prolongado, ecocardiograma y, según el caso, prueba de esfuerzo, resonancia cardíaca, cateterismo o estudios de las arterias coronarias.
Debe comunicarlo al equipo de cardiología. Las descargas repetidas, dolor de pecho, desmayo, falta de aire intensa o malestar persistente requieren atención de emergencia.
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