Dr. Steve Masso

Dr. Steve Masso
Un mareo al levantarse, palpitaciones después de bañarse o una sensación de desmayo en una fila no siempre significan un problema grave, pero tampoco deben normalizarse. En la disautonomía, las medidas generales pueden reducir de forma relevante los síntomas y mejorar la vida diaria, siempre después de una valoración que descarte causas cardiacas, metabólicas o neurológicas que requieran otro tratamiento.
La disautonomía no es un diagnóstico único. Describe una alteración del sistema nervioso autónomo, encargado de regular funciones involuntarias como la presión arterial, la frecuencia cardiaca, la sudoración y la respuesta del cuerpo al ponerse de pie. Por eso, el plan debe ajustarse a los síntomas, los antecedentes médicos y los resultados de la evaluación clínica.
El objetivo no es solo “aguantar” los episodios, sino evitar que la presión arterial baje demasiado o que el corazón acelere de manera desproporcionada ante cambios de postura, calor, comida, deshidratación o esfuerzo. Los cambios cotidianos suelen ser el primer paso y, en algunos pacientes, marcan una diferencia considerable.
La disminución del volumen circulante puede empeorar el mareo, la visión borrosa, la debilidad y las palpitaciones. Muchas personas con síntomas ortostáticos mejoran al distribuir líquidos durante el día, en lugar de beber grandes cantidades solo al sentirse mal.
La cantidad adecuada depende de la edad, el peso, el clima, la función renal, la presión arterial y los medicamentos que se utilicen. Como orientación general, el médico puede recomendar aumentar la ingesta de agua, especialmente al despertar, antes de salir de casa y en días calurosos. Si hay insuficiencia cardiaca, enfermedad renal, hipertensión difícil de controlar o restricción de líquidos, esta medida debe individualizarse.
Las bebidas con electrolitos pueden ser útiles en ciertas personas, sobre todo cuando hay sudoración intensa, diarrea o intolerancia al calor. Sin embargo, no deben utilizarse como sustituto permanente de una valoración médica ni asumirse como seguras para todos.
Aumentar el consumo de sodio puede ayudar a retener líquido y sostener la presión arterial en pacientes con hipotensión ortostática o algunos cuadros de taquicardia postural. Pero esta recomendación no es universal. En personas con hipertensión, insuficiencia cardiaca, enfermedad renal, edema o antecedentes cardiovasculares, el exceso de sal puede causar complicaciones.
Antes de modificar la dieta, conviene confirmar qué está ocurriendo con la presión arterial y la frecuencia cardiaca. Un registro de síntomas, presión y pulso puede orientar mucho la consulta. No se trata de añadir sal sin límite, sino de decidir si existe una indicación real y cuál es el margen seguro en cada caso.
Pasar de estar acostado a ponerse de pie rápidamente puede desencadenar una caída de presión o aumento de la frecuencia cardiaca. Al despertar, es preferible sentarse primero en la cama, mover tobillos y piernas durante unos segundos y levantarse con apoyo si hay inestabilidad.
Cuando aparezcan síntomas como náusea, calor súbito, zumbido de oídos, visión en túnel o debilidad, conviene sentarse o acostarse de inmediato. Cruzar las piernas y contraer músculos de pantorrillas, muslos y abdomen puede ayudar temporalmente a favorecer el retorno de sangre al corazón. Si es posible, elevar las piernas también puede aliviar el episodio.
No es recomendable intentar “resistir” un desmayo inminente. Las caídas representan un riesgo importante, especialmente en adultos mayores o en personas que toman anticoagulantes.
El calor dilata los vasos sanguíneos y puede intensificar el malestar. Baños muy calientes, saunas, espacios sin ventilación y permanecer mucho tiempo al sol son detonantes frecuentes. Una ducha tibia, sentarse durante el baño si es necesario y mantener una buena ventilación pueden hacer una diferencia práctica.
Las comidas abundantes también pueden empeorar la sensación de cansancio o aturdimiento porque una mayor cantidad de sangre se dirige al sistema digestivo. En lugar de dos o tres comidas muy copiosas, algunas personas toleran mejor porciones más pequeñas y repartidas. Reducir el alcohol es especialmente relevante, ya que favorece la deshidratación y puede bajar la presión arterial.
Dormir de manera suficiente, evitar periodos prolongados sin comer y anticipar los días de mucho calor o actividad física son medidas sencillas, pero no menores. La disautonomía suele variar de un día a otro, de modo que identificar los detonantes personales permite tomar decisiones más oportunas.
Las prendas de compresión pueden disminuir la acumulación de sangre en las piernas y el abdomen al estar de pie. Para que funcionen, deben tener la talla y presión adecuadas; en algunos casos, la compresión abdominal aporta más beneficio que las medias hasta la rodilla. No todos los pacientes las toleran bien, particularmente en clima cálido, por lo que vale la pena valorar comodidad y beneficio real.
El ejercicio es parte del tratamiento, pero debe introducirse con criterio. Si estar de pie desencadena síntomas, puede iniciarse con actividades en posición recostada o sentada, como bicicleta fija horizontal, ejercicios de fuerza supervisados o natación si el paciente la tolera. El progreso suele ser gradual.
Forzar una rutina intensa durante una mala racha de síntomas puede generar frustración o empeoramiento. La meta es mejorar la tolerancia cardiovascular y muscular sin provocar episodios repetidos de presíncope, dolor de pecho o falta de aire significativa.
Mareo y palpitaciones pueden aparecer en la disautonomía, pero también en arritmias, anemia, alteraciones tiroideas, deshidratación, efectos secundarios de medicamentos, enfermedad valvular o problemas coronarios. Por ello, atribuir todos los síntomas a la ansiedad o a la disautonomía sin evaluación puede retrasar un diagnóstico relevante.
Una valoración cardiológica comienza con una historia clínica detallada: cuándo aparecen los episodios, cuánto duran, si ocurren al esfuerzo, qué medicamentos se toman y si existen antecedentes familiares de muerte súbita, arritmias o cardiopatía. La medición de presión arterial y frecuencia cardiaca acostado y de pie ofrece información valiosa.
Según el caso, pueden requerirse estudios como electrocardiograma, Holter para registrar el ritmo cardiaco durante 24 horas o más, MAPA para analizar el comportamiento de la presión arterial, ecocardiograma y análisis de laboratorio. Estos estudios ayudan a diferenciar una respuesta autonómica alterada de una arritmia u otra condición cardiovascular que necesita un manejo específico.
En la práctica del Dr. Steve Masso, la evaluación se enfoca en integrar síntomas, exploración y estudios para definir si el problema requiere medidas generales, ajustes de tratamiento o una intervención cardiológica dirigida. Tener claridad diagnóstica evita recomendaciones genéricas que no corresponden a la causa del malestar.
Algunos fármacos pueden contribuir a la hipotensión ortostática o al mareo, incluidos ciertos medicamentos para presión arterial, diuréticos, vasodilatadores, antidepresivos y tratamientos para próstata. Esto no significa que deban suspenderse por cuenta propia. En muchos casos son necesarios y basta con ajustar la dosis, el horario o la combinación bajo supervisión médica.
Cuando las medidas generales no controlan los síntomas, existen medicamentos que pueden considerarse en perfiles seleccionados. La elección depende de si predomina presión baja, frecuencia cardiaca elevada, retención de líquidos u otro mecanismo. Un tratamiento que beneficia a una persona puede no ser adecuado para otra, particularmente si hay hipertensión, enfermedad coronaria o alteraciones del ritmo.
Un desmayo siempre merece valoración, sobre todo si ocurre durante ejercicio, estando acostado, acompañado de dolor en el pecho, falta de aire, palpitaciones sostenidas o lesión por caída. También se requiere atención inmediata si hay debilidad de un lado del cuerpo, dificultad para hablar, confusión, sudoración fría intensa o dolor opresivo que se extiende al brazo, espalda o mandíbula.
Las palpitaciones asociadas con pérdida de conciencia, presión muy baja, pulso persistentemente muy rápido o muy lento, o síntomas nuevos en una persona con enfermedad cardiaca conocida no deben manejarse solo con hidratación y reposo. En estos escenarios, la prioridad es descartar una urgencia.
Vivir con síntomas de disautonomía exige observación y ajustes, pero no resignación. Un plan individualizado, con medidas realistas y una evaluación cardiovascular precisa, permite recuperar seguridad para levantarse, caminar, trabajar y hacer vida social sin que cada episodio se convierta en una fuente de incertidumbre.
Es una alteración del sistema nervioso autónomo, que regula funciones involuntarias como la presión arterial, la frecuencia cardiaca, la sudoración y la respuesta del cuerpo al ponerse de pie. No es un diagnóstico único.
Hidratación distribuida durante el día, levantarse en etapas, evitar el calor excesivo y las comidas copiosas, reducir el alcohol, usar prendas de compresión adecuadas y hacer ejercicio adaptado y gradual.
Puede ayudar a algunos pacientes con hipotensión ortostática, pero no es una recomendación universal. En personas con hipertensión, insuficiencia cardiaca, enfermedad renal o edema puede causar complicaciones, por lo que debe indicarla el médico.
Siéntese o acuéstese de inmediato, cruce las piernas y contraiga los músculos de pantorrillas, muslos y abdomen; si es posible, eleve las piernas. No intente resistir el desmayo de pie.
Mareo y palpitaciones también aparecen en arritmias, enfermedad valvular, problemas coronarios u otras condiciones. Estudios como electrocardiograma, Holter, MAPA y ecocardiograma ayudan a diferenciar la causa.
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