La fibrilación auricular es una arritmia en la que las aurículas presentan actividad eléctrica desorganizada y el pulso suele ser irregular. Puede causar palpitaciones, cansancio o falta de aire, pero en ocasiones no produce síntomas. El diagnóstico requiere documentar el ritmo mediante electrocardiograma u otro dispositivo válido. Si los episodios son intermitentes, un electrocardiograma realizado fuera de ellos puede ser normal y puede necesitarse monitoreo prolongado.
Es una fibrilación auricular que aparece en episodios y termina de manera espontánea o con intervención dentro de los primeros siete días. Entre episodios el ritmo puede volver a ser normal. Que sea intermitente no significa que no represente riesgo: la necesidad de prevenir un evento vascular cerebral depende principalmente de los factores clínicos del paciente, no únicamente de si la arritmia es paroxística o persistente. El tratamiento puede incluir control de frecuencia, control de ritmo y anticoagulación cuando está indicada.
Sí. El manejo tiene varios objetivos: aliviar síntomas, controlar la frecuencia cardiaca, mantener o recuperar el ritmo sinusal cuando conviene y reducir el riesgo de evento vascular cerebral. Se utilizan medicamentos y, en determinados pacientes, cardioversión o ablación por catéter. También importa tratar hipertensión, obesidad, apnea del sueño y otras enfermedades asociadas. La mejor estrategia depende de la duración de la arritmia, los síntomas, la función del corazón y las preferencias de cada persona.
No todos. La indicación depende del riesgo de formar coágulos y sufrir un evento vascular cerebral, que se estima con herramientas clínicas y antecedentes individuales. En personas con riesgo suficiente, los anticoagulantes disminuyen la probabilidad de embolia. También se evalúan el riesgo de sangrado, la función renal y posibles contraindicaciones. La aspirina no es una alternativa equivalente para prevenir eventos embólicos asociados a fibrilación auricular. Nunca debe iniciarse ni suspenderse anticoagulación por cuenta propia.
No. La aspirina es un antiagregante plaquetario: reduce la capacidad de las plaquetas para participar en la formación de coágulos. Anticoagulantes como apixabán, rivaroxabán o warfarina actúan sobre diferentes componentes de la coagulación. Por ese motivo se indican en situaciones distintas. La aspirina puede ser útil en ciertos pacientes con enfermedad arterial, pero no sustituye la anticoagulación cuando esta es necesaria por fibrilación auricular. Combinar ambos tratamientos sin una indicación clara aumenta el riesgo de sangrado.
El INR es una prueba que evalúa el tiempo de coagulación y se utiliza especialmente para vigilar tratamientos con antagonistas de la vitamina K, como warfarina o acenocumarol. Un INR mayor que el objetivo puede incrementar el riesgo de sangrado; uno menor puede indicar protección insuficiente frente a coágulos, según la enfermedad que se trate. El intervalo terapéutico no es igual para todos, aunque con frecuencia se busca entre 2 y 3. Los anticoagulantes orales directos no se ajustan mediante INR.
Es importante consultar ante moretones extensos sin explicación, sangrado nasal repetido, sangre en la orina o evacuaciones negras. Un sangrado abundante, vómito con sangre, dolor de cabeza repentino muy intenso, debilidad de un lado del cuerpo o una caída con golpe en la cabeza requieren atención urgente. El riesgo depende del medicamento, la dosis, la función renal y otros tratamientos. No se debe suspender el anticoagulante sin indicación médica salvo que un servicio de urgencias establezca cómo proceder.